domingo, 4 de octubre de 2015

Llegó el otoño a Madrid

Paseando por el parque del Retiro, se puede observar como las hojas de los árboles van cayendo suavemente. Miles de parejas se besan y quieren en este parque que tantas historias ha visto. Familias enteras pasan sus días de vacaciones jugando con los pequeños animales que allí habitan, niños pequeños juegan en sus columpios y hacen pequeñas casas con los palos de madera,...

Recuerdo en especial a aquella niña que subía a los árboles con ayuda de su abuelo. Su primo se posaba en la parte de abajo, entre las raíces que afloraban por la tierra, y juntos se hacían fotos que después podían colgar en su habitación. Ni excesivo frío, ni demasiado calor, tampoco estaba la alergia que la primavera producía. Era el tiempo perfecto.

Compraban alimento para darle a las ardillas. Los niños se hacían los valientes esperando a que se les acercarsen, pero justo cuando iba a coger el cacahuete de su mano salían corriendo a esconderse tras sus padres para que no les mordieran.

Helen, a partir de ahí, venía cada año. Ya no la acompañaban sus dos graciosas coletas y su chaqueta con llamas cosidas en los bolsillos. Ahora tenía el pelo alisado y un gorro de lana que le cubría media cara.

Yo la vi crecer, vi como se tomaba ese chocolate con churros con su familia dando un paseo por la Castellana, como jugaba con los patitos que andaban sueltos por alguno de los parques, como se tiraba en el césped  mientras la madre le decía que dejara de barrer el suelo.

Ahora en cambio, esperaba a su amado con vehemencia, siempre sentada en el mismo banco. Él llegaba con un paquete de castañas para compartir. Al final, siempre las acababa pelando mientras ella se las comía todas. Tendría que tener ya cerca de 25 años.

Uno de los días, le dijo que estaba cansado, que terminará de pelarlas ella. Helen puso cara de caprichosa, pero después de ronronear un poco se decidió a meter la mano en el cartucho.

Entonces él se arrodilló en el suelo, y ella sacó el anillo de oro con el que siempre había soñado adornar su mano.
"¿quieres casarte conmigo?" una pregunta que hizo que sus ojos se llenasen de chispa momentanea para que su boca espresase un sí gigante seguido de una gran sonrisa.

Al año siguiente estaban allí con un fotógrafo profesional. Helen vestía de blanco, el traje tenía un ajustado corpiño y unas mangas largas hechas de encaje. La falda era blanca y lisa, con una fina capa de tul que la hacía brillar más que de costumbre. Vestido con traje al estilo pingüíno, su futuro esposo la cogía de la cintura. Todos los familiares que de pequeña cuidaban de ella acompañaban a la pareja en esta semana tan llena de emociones.

Fueron pasando los años, y un día Helen apareció con un pequeño carrito, en él una pequeña niña de unos 3 meses dormía placidamente con un lacito rosa en la cabeza. Su marido llevaba de nuevo un paquete de castañas, se notaba que estaban felices.

Cuando la niña cumplió tres años, toda la familia fue a celebrarlo haciendo un pequeño almuerzo en el césped. Era curioso ver a Helen regañándola por rodar por él, mientras la abuela de la pequeña reía recordando como era ella la que lo hacía años atrás. Después de la tarta de chocolate, la pequeña volvió a subir al árbol donde años antes su madre estaba. Él primo de Helen, ya no esperaba desde abajo, sino que era quién la sujetaba.

Los años fueron pasando, y la pequeña niña del lazo rosa fue creciendo. Un día apareció con su amor secreto sentada en aquel banco. Yo notaba como la historia se iba repitiendo.

Helen poco a poco dejó de venir. Los últimos años se la veía mayor y cansada, siempre cuidando de su pequeño nieto y comprándole paquetes de gusanitos. La última vez que la ví, se acercó por fin a una de las pocas ardillas que quedaban, y esta vez fue capáz de acariciarla. Su hija había cumplido ya 50 años, y todos lo celebraban gritando.

Cada año yo vuelvo al mismo sitio y hago caer todas las hojas de los árboles. Las parejas siguen yendo y viniendo, y yo avecino un frio invierno. Helen ya nunca volverá, pero en el retiro su recuerdo quedará.


4 comentarios:

  1. Hermosa historia de otoño Esther! Me llenó de melancolía. La vida es un suspiro.

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    1. Muchas gracias por tu apoyo, me alegro que te haya gustado!

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  2. Que linda historia, hasta nostalgia me dio.
    Por cierto ya te sigo, te dejo el link de mi blog
    http://athousandreviews.blogspot.cl/ espero puedas pasar.
    Nos leemos ^^

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    1. Muchísimas gracias, te sigo de vuelta y miraré tu blog!
      Gracias por seguirme!!

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